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Bitácora de las Islas del Río Uruguay

La invitación

Este blog reúne el registro visual y escrito de la travesía fluvial que hicimos un grupo de personas – en su mayoría periodistas y biólogos – a principios del mes de noviembre de 2010, por las islas y costas del bajo Río Uruguay.

El recorrido siguió el tramo de 140 kilómetros del cauce del Río donde se encuentran las ciudades argentinas y uruguayas de Gualeguaychú, Fray Bentos, Nueva Berlín, Concepción del Uruguay, Paysandú y Colón.

Esta iniciativa tuvo como propósito difundir y dar a conocer la abundancia biológica de este corredor fluvial con su enorme variedad de especies vegetales y animales , así como la vida e historia de los isleños que habitan este tramo – que en la actualidad es de muy difícil acceso por vía terrestre, y por eso desconocido para la mayoría-.

En esta expedición tuvimos como guías “baqueanos” y anfitriones a la familia Pujol. A Carlos y Elena y a dos de sus hijos: Fernanda y Luciano, quienes nacieron en la isla de Boca Chica, el lugar donde a principios del siglo XX, el abuelo de Carlos, eligió para echar sus raíces.

Esta travesía cumplió el sueño de muchos, entre los que me encuentro. Todos los que allí estábamos, la mayoría entrerrianos de la costa del Uruguay compartíamos un horizonte común de vivencias con el Río, pero para la mayoría, nuestro imaginario no llegaba más allá de la boca del Río Uruguay y del dolor común que representa Botnia.

Durante la mañana del 5 de noviembre, emprendimos el viaje  saliendo del puerto de Gualeguaychú hacia Puerto Boca, pasamos por “la draga” que se hundió en la histórica creciente del ´59, el balneario de Ñandubaysal, la ciudad de Fray Bentos y la amenaza foránea de la pastera finlandesa Botnia.

Hasta allí la mayoría conocía el paisaje. La oportunidad que esta expedición nos ofrecía, abría en nuestro imaginario un “más allá” de nuestro Río y, como en las expediciones de las diferentes épocas y culturas que se aventuraron a adentrarse en los territorios ignotos, aggiornamos este espíritu a los tiempos que corren y nos entregamos a explorar su profundidad abriendo nuestras miradas y corazones.

El Río nos abrió su profundidad, y lo que en ese tramo encontramos nos llenó de asombro: una RESERVA inconmensurable de AGUA DULCE con una variedad enorme de especies autóctonas, de VIDA.

La travesía que hicimos no tenía un manual de instrucciones, sólo una ruta a seguir.

El Río nos fue enseñando la forma de permanecer en él, de reverenciar su inmensidad y respetar la abundancia de su caudal de agua dulce. Nos desplegó sus colores, sus verdes, nos lavó y recibió lo que ofrecimos para purificarnos.

Nos enseñó a inclinarnos ante su poder de Vida y transformación. Y todos, cada uno con sus caminos, aprendimos a fluir en su corriente, y reconociéndonos en en un destino más grande y común,  nos rendimos y bajamos la cabeza, dejando que él nos acune y “sostenga” en su regazo, como los hijos que somos.

Eleonora Cardoso

 

 

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